Design Thinking
El design thinking es un proceso iterativo y no lineal que busca entender a los usuarios, cuestionar lo que damos por hecho, redefinir los problemas y crear soluciones innovadoras para prototiparlas y probarlas. El método tiene cinco fases (empatizar, definir, idear, prototipar y probar) y es especialmente útil ante problemas mal definidos o desconocidos.
En las últimas décadas se ha vuelto clave desarrollar y afinar las habilidades que nos permiten entender los cambios rápidos de nuestro entorno y de nuestros hábitos, y actuar sobre ellos. El mundo está cada vez más conectado y es más complejo, y el design thinking ofrece una forma más humana de lidiar con todo ese cambio.
Los equipos de diseño usan el design thinking para abordar problemas mal definidos o desconocidos (los llamados wicked problems), porque el proceso los replantea desde las personas y permite centrarse en lo que de verdad importa a los usuarios. Nos da una forma de pensar fuera de la caja y de profundizar un poco más en la resolución de problemas. Ayuda a investigar lo que hay que investigar, a crear prototipos y a probar productos y servicios para descubrir nuevas maneras de responder a lo que necesitan los usuarios.
El design thinking se ha popularizado en las últimas décadas porque fue clave en el éxito de muchas organizaciones globales de primer nivel: empresas como Google, Apple o Airbnb lo han aplicado con resultados notables. Hoy esta forma de pensar fuera de la caja se enseña en las mejores universidades del mundo y se fomenta en todos los niveles de la empresa.
En su charla TED de 2009, Tim Brown, pionero del design thinking, explica su valor para resolver retos muy complejos.
El design thinking mejora cada día el mundo que nos rodea gracias a su capacidad para generar soluciones rompedoras de forma disruptiva e innovadora. Es más que un proceso: abre una forma de pensar completamente nueva y ofrece un conjunto de métodos prácticos para aplicar esa mentalidad.
Las cinco fases del design thinking
El Hasso Plattner Institute of Design de Stanford, conocido como d.school, describe el design thinking como un proceso de cinco fases. Conviene tener en cuenta que no siempre van en orden: a menudo se trabajan en paralelo, se saltan o se repiten de forma iterativa.
Las fases del design thinking deben entenderse como modos distintos que suman al proyecto completo, más que como pasos consecutivos. El objetivo, de principio a fin, es entender lo más a fondo posible el producto y a sus usuarios.
Fase 1: Empatizar: investiga lo que necesitan tus usuarios La primera fase permite entender con empatía el problema que intentas resolver, normalmente mediante la investigación con usuarios. La empatía es clave en un proceso de diseño centrado en las personas como el design thinking, porque te permite dejar a un lado tus propias suposiciones y conocer de verdad a los usuarios y lo que necesitan.
Fase 2: Definir: formula las necesidades y los problemas de tus usuarios En esta fase reúnes la información que creaste y recogiste al empatizar. Analizas lo observado y lo sintetizas para definir los problemas de fondo que tu equipo y tú habéis detectado. Al hacerlo, formula siempre el problema desde las personas.
Fase 3: Idear: cuestiona lo que das por hecho y crea ideas En la tercera fase ya estás listo para generar ideas. Con la base sólida de las dos primeras, puedes empezar a «pensar fuera de la caja», buscar otras formas de mirar el problema y dar con soluciones innovadoras al planteamiento que has definido.
Fase 4: Prototipar: empieza a crear soluciones Es una fase experimental cuyo objetivo es encontrar la mejor solución posible para cada problema detectado en las tres primeras. El equipo crea versiones baratas y reducidas del producto (o de funciones concretas) para explorar las soluciones que salieron en la fase anterior.
Fase 5: Probar: pon a prueba tus soluciones Diseñadores o evaluadores prueban a fondo el producto completo con las mejores soluciones de la fase de prototipado. Es la última fase del modelo, pero en un proceso iterativo como este los resultados suelen servir para redefinir otros problemas. Entonces se puede volver a fases anteriores para iterar, cambiar y afinar, y descartar alternativas.
Los orígenes del design thinking
La revolución industrial y la Segunda Guerra Mundial ampliaron los límites de lo que creíamos tecnológicamente posible. Ingenieros, arquitectos y diseñadores industriales, además de científicos cognitivos, empezaron a confluir en la resolución colectiva de problemas, impulsados por los grandes cambios sociales de la época. El design thinking surgió (o, mejor dicho, confluyó) de las aguas revueltas de ese caos a partir de los años 50 y 60.
El científico cognitivo y premio Nobel Herbert A. Simon fue el primero en hablar del design thinking como forma de pensar, en su libro de 1969 The Sciences of the Artificial. Durante los años 70 aportó muchas ideas que hoy se consideran principios del design thinking.
